El azúcar es el principal aliado de las bacterias que causan la caries. Cuando los niños consumen dulces, estas bacterias producen ácidos que atacan el esmalte dental. Sin embargo, prohibir no siempre es la solución; la clave está en la gestión y el hábito.
1. No todos los dulces son iguales
No es solo la cantidad de azúcar, sino el tiempo que permanece en la boca.
- Los peores. Caramelos pegajosos (gomitas, masticables) y paletas (chupetes). Al quedarse pegados o durar mucho tiempo en la boca, el ácido ataca el esmalte por un periodo prolongado.
- Mejores opciones. Un trozo de chocolate negro (se disuelve rápido) o dulces consumidos junto con las comidas principales, cuando hay más saliva para neutralizar los ácidos.
2. La regla de oro: El momento del consumo
Es mucho más dañino picar dulces durante todo el día que comer un postre después del almuerzo.
- Consejo. Limita el consumo de azúcar a las comidas principales. La saliva que se produce al comer ayuda a enjuagar los restos de azúcar.
3. ¡Ojo con los «azúcares ocultos»!
Muchos productos que parecen saludables tienen niveles altísimos de azúcar que dañan los dientes:
- Jugos industriales (incluso los que dicen «sin azúcar añadida»).
- Yogures líquidos o de sabores.
- Cereales de desayuno.
- Leche con cacao en polvo.
4. Estrategias de protección inmediata
Si tu hijo acaba de comer dulces y no tienes un cepillo a mano:
- Agua. Haz que beba agua inmediatamente para enjuagar los restos.
- Queso. Comer un trozo pequeño de queso ayuda a neutralizar el pH ácido de la boca y aporta calcio.
- Fruta fibrosa. Una manzana actúa como un «limpiador natural» mecánico.
5. El hábito del cepillado según la edad
- 0 a 2 años. Usar una cantidad de pasta del tamaño de un grano de arroz (con 1000 ppm de flúor).
- 3 a 6 años. Cantidad del tamaño de un guisante (chícharo).
- Supervisión. Los niños no tienen la destreza motriz para lavarse bien solos hasta los 7 u 8 años. Un adulto debe repasar el cepillado siempre.