artritis

Entendiendo la artritis: tipos, síntomas y cómo recuperar tu movilidad

La artritis es, en términos sencillos, la inflamación de una o más articulaciones (las zonas donde se unen dos o más huesos). No es una sola enfermedad, sino un término que describe más de 100 afecciones diferentes que afectan el sistema musculoesquelético.

1. Síntomas principales

Aunque varían según el tipo, los signos más comunes son:

  • Dolor constante o intermitente en la articulación.
  • Hinchazón (edema) y sensibilidad.
  • Rigidez, especialmente al despertar o tras estar sentado mucho tiempo.
  • Calor y enrojecimiento en la piel sobre la articulación.
  • Limitación del movimiento (dificultad para doblar o estirar la zona).

2. Tipos más comunes

  • Osteoartritis (o Artrosis). Es el tipo más frecuente. Se debe al «desgaste» del cartílago que protege los extremos de los huesos. Suele aparecer con la edad o después de una lesión.
  • Artritis Reumatoide (AR). Es una enfermedad autoinmune. El sistema inmunitario ataca por error el tejido sano de las articulaciones, causando inflamación crónica que puede dañar órganos como el corazón o los pulmones.
  • Gota. Ocurre cuando se acumulan cristales de ácido úrico en la articulación (muy común en el dedo gordo del pie), causando ataques de dolor muy intensos.
  • Artritis Psoriásica. Afecta a algunas personas que padecen psoriasis (una enfermedad de la piel).

3. Causas y factores de riesgo

Las causas dependen del tipo de artritis, pero las más habituales incluyen:

  • Genética. Algunos tipos vienen de familia.
  • Edad. El riesgo aumenta a medida que envejecemos (especialmente en la artrosis).
  • Lesiones previas. Un hueso roto o una lesión deportiva pueden desarrollar artritis años después.
  • Sobrepeso. El exceso de peso pone presión extra en las articulaciones, especialmente rodillas y caderas.
  • Factores autoinmunes. El cuerpo se ataca a sí mismo sin una causa externa clara.

4. ¿Tiene cura?

En la mayoría de los casos, la artritis es una condición crónica, lo que significa que no tiene una «cura» definitiva, pero se puede controlar muy bien. Los tratamientos actuales (medicamentos, fisioterapia y, en casos graves, cirugía) están enfocados en reducir el dolor y mantener la movilidad para que la persona lleve una vida normal.