Cuando pensamos en el dolor de espalda, lo primero que nos viene a la mente es la postura, el colchón o el exceso de carga. Sin embargo, la ciencia moderna en fisioterapia está poniendo el foco en un invitado inesperado: el sistema digestivo. Existe una relación directa entre la inflamación intestinal y la sensibilidad del sistema nervioso, lo que significa que lo que cenas podría estar influyendo en la intensidad de tu lumbalgia. Aquí es donde entran en juego los lácteos fermentados y madurados, como el yogur natural, el kéfir o el queso feta. A diferencia de los lácteos frescos industriales o la leche entera de vaca (que pueden ser pro-inflamatorios para algunas personas debido a la lactosa y la caseína A1), los productos fermentados ofrecen tres beneficios clave para tu columna:
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