Cuando pensamos en el dolor de espalda, lo primero que nos viene a la mente es la postura, el colchón o el exceso de carga. Sin embargo, la ciencia moderna en fisioterapia está poniendo el foco en un invitado inesperado: el sistema digestivo. Existe una relación directa entre la inflamación intestinal y la sensibilidad del sistema nervioso, lo que significa que lo que cenas podría estar influyendo en la intensidad de tu lumbalgia. Aquí es donde entran en juego los lácteos fermentados y madurados, como el yogur natural, el kéfir o el queso feta. A diferencia de los lácteos frescos industriales o la leche entera de vaca (que pueden ser pro-inflamatorios para algunas personas debido a la lactosa y la caseína A1), los productos fermentados ofrecen tres beneficios clave para tu columna:
- Reducción de la inflamación sistémica: Los procesos de maduración descomponen gran parte de la lactosa y transforman las proteínas. Esto facilita la digestión y evita la liberación de citoquinas inflamatorias que suelen «sensibilizar» los receptores del dolor en la espalda baja.
- El eje intestino-cerebro: Un intestino sano, poblado por los probióticos naturales de los quesos madurados, mejora la respuesta del organismo ante el dolor crónico. Si tu microbiota está equilibrada, tu umbral del dolor aumenta.
- Aporte de magnesio y calcio: Estos minerales son fundamentales para la relajación muscular y la salud de las vértebras. En quesos como el feta, estos nutrientes son altamente biodisponibles, ayudando a prevenir contracturas recurrentes.
Para que tu post sea realmente útil, es importante diferenciar en qué situaciones clínicas el consumo de estos lácteos fermentados (como el feta) es especialmente recomendable desde el punto de vista de un fisioterapeuta.
Casos para usar e integrar lácteos fermentados
1. Pacientes con dolor crónico de origen inespecífico
Cuando un paciente tiene dolor de espalda que no responde a una causa estructural clara (hernias, traumatismos), suele haber un componente de sensibilización central.
- Por qué: Los probióticos de los lácteos madurados ayudan a regular el sistema inmune, reduciendo la «alarma» constante que el cerebro envía en forma de dolor.
2. Recuperación de lesiones musculares (roturas o sobrecargas)
En procesos de reparación de tejidos, el cuerpo necesita un entorno alcalino y materiales de construcción de alta calidad.
- Por qué: El queso feta y el kéfir aportan proteínas de fácil asimilación y aminoácidos esenciales que el músculo utiliza para regenerar sus fibras sin generar la pesadez digestiva de otros alimentos.
3. Fisioterapia en el deporte y prevención de calambres
Ideal para pacientes que sufren contracturas por fatiga o desequilibrios electrolíticos.
- Por qué: Su alto contenido en sodio y potasio naturales (por la salmuera y la leche de oveja) ayuda a mantener la conductividad eléctrica del músculo, previniendo los espasmos y las rampas musculares tras el ejercicio.
4. Rehabilitación post-fractura o salud ósea (Osteoporosis)
Para pacientes que necesitan fijar calcio en sus huesos mediante ejercicios de carga.
- Por qué: El calcio de los quesos madurados se absorbe mejor que el de los suplementos sintéticos. Además, al contener vitamina K2 (producida durante la fermentación), esta actúa como un «GPS» que dirige el calcio hacia el hueso y evita que se deposite en las arterias.
5. Pacientes con inflamación abdominal y lumbalgia refleja
Muchos dolores lumbares son en realidad dolores referidos de un colon inflamado (viscerosomática).
- Por qué: Si el paciente nota que su espalda duele más cuando está hinchado, cambiar los quesos frescos de vaca por lácteos de oveja/cabra fermentados reduce la presión intra-abdominal y, por extensión, la tensión en la fascia lumbar.